Primer
manifiesto del
Movimiento
Literario Efluvismo
"No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto.
No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.”
"Gabriel Celaya”
A cada momento estamos fluyendo; la vida es transcurrir, pasar. El
secreto de todo está en cómo se fluye, cómo conquistamos los espacios donde
tiene sentido la vida.
Ese espacio es infinito y lleno de misterios:
de los misterios del universo. Saber fluir es la tarea fundamental del ente.
Construirse es lo importante, porque uno se va formando a sí mismo conociéndose
y relacionándose con el universo. Lo mismo que: “Si te conoces a ti mismo,
conocerás el universo”.
Casi todos
miramos esos espacios exteriores e interiores; luchamos y pervivimos en ellos.
A veces pensamos que allí todo acaba. Sin embargo, hay otros lugares por
visitar, quizás más hermosos, cercanos y remotos. Hay portales por donde se
penetra en los estadios poéticos. Son lugares para viajar y salir fortalecidos,
llenos de conquistas, con el cuerpo vigoroso y la mente radiante.
El efluvista, al conocer el exterior, tiene que
viajar al interior y vivir una aventura aereoplástica.
Es allí donde suele el poeta empozarse para
traer la materia prima de sus versos. Desde allí puede fraguar sus propuestas
literarias. Pero a ese lugar no se puede ir vacío; hay que haber “andado
miles caminos y abierto muchas veredas" (A. Machado), haber entrado
por muchas puertas para transmutar sus vivencias y su memoria humana en versos,
en palabras que fluirán como un líquido suave, portador de las mieles del
Oriente y los arcoíris del trópico.
Viajar al interior es despertar lo vivido por
uno y por otros, mezclar los misterios del querido ente para servirlos en
bandejas de palabras y no dejar que cuelguen en nuestro ser como estalactitas,
perdidas en el confín de la imaginación.
Siempre será placentero viajar hacia adentro para atrapar emociones,
sentimientos y pensamientos, y mantener el equilibrio en la cuerda del mundo.
La experiencia que tengo con amigos poetas es que sus viajes al
interior se tornan atormentados o henchidos por las cosas del mundo, acuden a
sus casitas mágicas internas para hacer versos. Uno me dijo una vez que no
sabía qué fuerza extraña lo impulsaba a escribir, y yo le dije que era la misma
fuerza que impulsa el milagro de la vida.
Escuché una vez el siguiente relato, no recuerdo con certeza dónde o si
lo vi entre mis largas lecturas: una persona le preguntó a otra cuál era la
diferencia entre una persona que es poeta y otra que no es poeta. A continuación,
le respondió: «Pongamos un ejemplo». Dos personas van conversando por un
camino: una es poeta y la otra no lo es. En sentido contrario, viene una señora
con una batea en la cabeza, llena de ropa para lavar, y asida de su mano viene
una niña desnuda, llorosa, con el cabello despeinado.
Al momento de cruzarse las parejas. El que no es poeta puede que mire a
la mujer y a la niña y siga su conversación amena; o apenas pueda verlas de
soslayo, o quizá ni siquiera las advertiría. El que es poeta no solamente ve a
la mujer y a la niña, sino que ve la batea de ropa, el rostro de la mujer, el
rostro de la niña, ve las lágrimas de la niña y, dentro de una lágrima, observa
al mundo que viene rodando. Esa es la diferencia entre uno que es poeta y otro
que no lo es.
En cierto modo, este relato me hizo reflexionar y busqué una moraleja.
Estaba claro que esa no era mi concepción de lo que era un poeta y de lo que no
lo era. Sin embargo, como dije, reflexioné y, ahora que hablo del viaje al
interior, cabe destacar que, en ese relato al que señalan como poeta, hace un
viaje: recorre con la mirada los espacios corporales de la mujer y la niña,
llega hasta la lágrima de la niña y observa el mundo que viene bajando. Es un
verdadero viaje. También el relato nos revela la importancia de la observación
en el mundo del poeta y, por supuesto, el componente de sensibilidad que aflora
en uno y no en otro. En
este caso, la sensibilidad por lo social.
Lo que he descubierto es que, al
mismo tiempo que el poeta viaja al interior, debe emprender un viaje al
exterior, ir recogiendo y acumulando materia prima para fraguarla en sus
crisoles. Quiero recordar aquí que las grandes obras poéticas y narrativas
aluden a un viaje, a un recorrido; de ahí el éxito de las narraciones y poesías
de los géneros épico y de aventuras.
No se puede viajar al interior sin
experiencias externas. Sería un viaje por el mar sin embarcación alguna.
Pongamos un ejemplo sencillo: el poeta entra al mar de su interior; digamos que
navega en una barca cargada de lo recogido en sus viajes al exterior. El poeta
que navega y lanza toda esa materia prima en las profundas aguas de su ser, al
cabo de un proceso de fragua, pescaría lo que ha sumergido. Podrán pasar dos
cosas: que atrape lo fraguado con sus cordeles o que lo fraguado salte a su
bote, como lo hacen las palomitas de maíz en el caldero de una feria
cualquiera. Lo fraguado serán palabras, frases y oraciones hechas perlas, que
el poeta llevará a puerto para brindarlas en un poema. En un verdadero poema de
carácter trascendente. Entiendo que las palabras, frases y oraciones que saltan
a la barca como diáspora serán portadoras de auténticos efluvios poéticos,
capaces de trascender al poema. Las que atrapa el poeta con su cordel
simbolizan el trabajo, el esfuerzo del poeta, en la lucha titánica para dar un
cuerpo al nuevo ente, esa materia viva llamada poesía. Como se aprecia, todo esto
se describe con un lenguaje figurado.
El efluvismo: una reflexión partiendo de ideas del
surrealismo
Los poemas del
efluvismo no son repeticiones del mero automatismo psíquico que plantea André
Breton. El efluvismo alcanza su plenitud en Breton. El efluvismo se vale de la
conciencia y aspira a más, a tascar las aguas de la supraconciencia, mas no de
las aguas de la infraconciencia, que interfieren con la trayectoria del rayo
poético y oscurecen el resplandor de la supraconciencia; es como asistir a las
regiones del (INFRAVISMO), que es un concepto a discutir.
Con la poesía del efluvismo se abren muchos caminos, pero todos apuntan
a un solo objetivo: la trascendencia del ser para producir en él una catarsis
capaz de explicar a uno mismo la vida, el mundo y el cosmos.
En el efluvismo, si bien las palabras las dicta el pensamiento, como en
todos los casos, este es producto de una reflexión sobre el lenguaje, de una
formación holística y de una concepción de la imagen como punto de partida para
canalizar los efluvios. Pero esa imagen puede ser real o imaginaria, estar
asociada al mito o a lo cotidiano, a las palpitaciones del ser interior.
El mito es el mismo en los planos de la conciencia que en el mundo
real. Lo que se hace con el efluvismo es recrear ese mito con un sentido
trascendente. Y repito trascendente porque esta palabra es usada por los
interioristas, y cabe en el efluvismo. Es más, mis primeras orientaciones
fueron del Movimiento Interiorista, fundado por el Dr. Bruno Rosario Candelier,
pero “orillando” (como él dice) otras vertientes del pensamiento y la
expresión.
En el efluvismo las ideas son perfectamente lógicas, pero no solo la lógica
del pensamiento común. Es la lógica propia de la poesía, la lógica del ser
interior de la poesía, porque la poesía tiene su lógica interior, que además
resiste una explicación científica desde la lógica de las ciencias. Si no es
así, ¿sería la poesía del efluvismo un simple automatismo, repentista o como lo
plantearon los griegos?
El efluvismo no rechaza, absorbe ni transmuta; saca del todo o de la
nada, no importa cuáles sean las concepciones estéticas, los movimientos, las
escuelas ni el modelo ni el canon.
El efluvismo no pretende encasillar a nadie ni robar libertades de
pensamiento; no se opone, solo es un camino más para la expresión. Acepta el
automatismo y el repentismo que provengan de la conciencia del ser. En eso no
es intransigente. Ahora bien, esto puede resultar muy abstracto, pero en los
mundos interiores donde se produce la génesis del pensamiento sensato, tiene un
lenguaje bastante claro.
No debe confundirse con postulados gnósticos ni espiritualistas y mucho
menos espiritistas (en este último puede ser caldo de cultivo del llamado (INFRAVISMO).
No debe pensarse que sigue corrientes filosóficas, metafísicas, religiosas o
científicas, etc. No, el efluvismo tiende a ser como si el cosmos se
conflagrara y se produjera un pensamiento que uniera a la humanidad. Al menos,
si esto no es una meta, es la intencionalidad: por amor al planeta, al mundo,
al cosmos, al género humano, a todos los seres animados e inanimados.
Lo maravilloso de la mente humana es la capacidad que tiene, en
ciernes, para explicar los fenómenos. Ya la ciencia ha experimentado avances
extraordinarios desde la observación misma. Lo que sigue tendrá que ser más
riguroso en su método. Cada vez más se perfeccionan las técnicas y se
exige más de ellas; sobre todo, el mundo de las hipótesis plantea nuevos retos.
El efluvismo tendrá que probar algunas hipótesis teóricamente
aceptables, relacionadas con la lengua, el lenguaje, la consciencia y la
supraconciencia, la esencia y el ser. Más que probar, sería aclarar la
naturaleza de las mismas, sin dar por concluido el tema a la luz de las tesis
encontradas.
Esto parece difícil, pero no lo es. Ha de llegar el momento en que el
cultor del efluvismo encuentre su manera de expresión sobre la base del
deslizamiento en los mares de la conciencia y la supraconciencia si alcanza
niveles altos de maestría en el dominio del lenguaje, el pensamiento y la
conducción de los efluvios…
Un asunto importante es que debe aceptarse la existencia de los
efluvios, de las emanaciones, musas, inspiraciones o cualquier otro término
relacionado, aunque sea como algo simbólico. Partiendo de ahí, podremos hacer
algo. Decir que eso existe y es comprobable mediante las reglas científicas
todavía es un debate de muchos analistas. Pero nadie puede negar que, de algún
lado, por alguna causa o motivo, se produce el acto de la creatividad, o como
dicen otros, “el milagro de la creatividad”.
Convencidos de que las emanaciones para producir poesía utilizando el
lenguaje y que ese lenguaje sea un metalenguaje, postulamos una manera de
expresión poética. Olvidar los juegos de palabras, las “mañas” literarias,
ayuda mucho cuando se practica el efluvismo. Aquí la poesía no es pensada gota
a gota, como decía Gabriel Zelaya. Hay que abrir canales de expresión, donde
fluya la poesía con su alta esencia, basada en un lenguaje sustancial. Luego,
pensar lo dicho y corregir, como un escultor o un arquitecto de la lengua.
¿Quién o quiénes me hicieron pensar en el efluvismo? No fueron las
teorías de André Breton, Soupault y otros teóricos del surrealismo las que
luego hicieron sus aportes significativos. No, ni siquiera fueron los
exquisitos poemas de Federico García Lorca los que despertaron en mí el
instinto poético. Fue el título de un libro de Miguel Hernández, poeta español
de la Guerra Civil. El título es “El rayo que no cesa”. Pensé que los efluvios podían
canalizarse y convertirse en rayos que no cesan. Esto, reitero, parece absurdo,
pero es una manera más de pensar. Si tomamos como cierto que los efluvios
existen, que provengan de un campo “magnético” del inconsciente, como supone
Breton, o no, esos efluvios deben tener una dirección, y si el poeta es capaz
de ponerles dirección con autoconciencia, sería algo fenomenal, extraordinario,
diría yo.
Bueno, esto suena demasiado teórico y hasta puede resultar risible.
Entonces, pensé que debía haber algún método o técnica para canalizar esos
efluvios. En eso cree el efluvismo: crear las técnicas o el método de
canalización de esas emanaciones….
Siempre me preguntaba por qué había creadores, independientemente del
contexto histórico, de mercado, político, hegemónico en el cual se desarrollan;
su poesía es trascendente y supera todas las ideologías, todas las formas de
expresión. “Nobles, villanos, prohombres y gusanos” ponderan esa poesía, y todo
el mundo, sin importar los riesgos de la multivocidad y la sugestividad,
concluye con la trascendencia de ese poema. Esos se convierten en clásicos de
la literatura, que todo el pueblo canta, aunque no entendamos nada de ellos,
pero que a su vez pueden iluminarnos con luces diamantinas en el cosmos de
nuestro ser. Eso es maravilloso.
Sobre la conceptualización del efluvismo, imagino el humo que producen
las hojas secas de un árbol al quemarse. Imagino que el efecto del viento lo
hace sinuoso y no sigue una línea recta. Ni siquiera es recto el rastro de un
rayo en el cielo, que produce su luz quebradiza y a veces se rebela con ese
formato, e incluso forma semicírculos. El rayo que no cesa sería el que traza
una línea recta desde la conciencia hasta el poema y, desde ahí, al público,
pudiendo provocar un efecto dominó en los lectores y la aceptación general de
ese poema.
Imagino también a un surfista que fluye en una ola, domina la tabla,
mantiene el equilibrio y se desliza con movimientos plásticos sobre la
superficie del agua, ejerciendo control de los vericuetos que trae la ola. Así
debe ser el cultor del efluvismo; en este caso, la tabla es el lenguaje, y la
estética está determinada por la plasticidad de los movimientos. El agua es la
conciencia humana, y en estado más puro, la superconciencia.
El desarrollo de la conciencia es básico para el cultor del efluvismo
y, de ahí en adelante, para el cultivo de la poesía de la conciencia. Puede que
las palabras salgan disparadas como por un efecto magnético y sean atrapadas
por el cultor, y que en ese proceso se organice una idea o un conjunto de
ideas, capaces de explicar la naturaleza de las mismas con la esencia suprema
del acto creador.
La intuición iluminada
En el efluvista, la intuición es de vital importancia, tanto que, sin
ella, no habría efluvismo. Pero esa intuición debe convertirse en INTUICIÓN
ILUMINADA, para que el poema alcance la trascendencia. Ya existen concepciones sobre
la iluminación de la INTUICIÓN, pero el efluvismo tendrá que crear teorías e
incluso prácticas para que la INTUICIÓN alcance este nivel.
Técnicas del efluvismo
La idea del efluvismo nunca fue que se convirtiera en un movimiento
literario; incluso, aunque este manifiesto lleve el nombre de manifiesto del
Movimiento Literario Efluvismo, no lo será hasta que su filosofía sea aceptada
y seguida por creadores de todo el mundo y sirva de manera práctica para la
expresión de cada cual.
Mientras tanto, nos consideramos una
colectividad de creadores literarios que buscan iluminar la intuición y manejar
los sentidos estéticos interiores y exteriores, con el fin de producir una obra
con cierta trascendencia que, a su vez, impacte en lo personal y lo social.
Esto se hará
siguiendo instrucciones técnicas que serán desarrolladas con el aporte de sus
creadores, pero que estas contribuyan a los fines expresivos.
El primer texto de carácter efluvista dado a
conocer para iniciar este proceso se titula “Paraísos de la Nada”, en el género
poesía, escrito por el fundador VIRGILIO
LÓPEZ AZUÁN, y que fuera ganador de un premio nacional de literatura en
la República Dominicana.
Una de las técnicas del efluvista para subir al
rayo de la poesía es convertirse en un SENSOR, en percibir todo lo que pasa en
el mundo exterior e interior, desde un sonido o una voz lejana hasta el latido
del corazón; desde una explosión sideral en sus mundos interiores hasta el leve
“movimiento de una hoja de pasto”. Para hacer eso hay que estar DESPIERTO y
convertirse en una especie de parábola humana. Hay que dejar que fluyan las
imágenes y, mediante el lenguaje escrito u oral (en este caso, se graba), expresar
de inmediato todo lo que se capta. No debe confundirse el concepto de “ESCRIBA
TODO LO QUE LE LLEGUE A LA MENTE”; eso no es efluvismo; bien pudiera ser
repentismo o automatismo sin dirección. Recordarlo bien, en el efluvismo
existe la conciencia plena de la imagen y de hacia dónde debemos llevarla para
ir formando su identidad plural.
En esta técnica, el creador incorpora la imagen
en un lenguaje escrito, hablado o gestual, la transforma con su imaginación y
crea la METAIMAGEN o el METATEMA.
Por ejemplo: si el efluvista está a punto de
crear un poema, toma el sonido del aire acondicionado, el ladrido de un perro,
una palabra de alguien que hable en la calle, una canción que suene, el frío
que siente, el amor que pasa como sentimiento andante y provoca saltos en el
interior del pecho o de la mente; el recuerdo, la evocación, etc. Todo es
materia para transmutar imágenes y crear nuevas con sentido estético. El grado
de dominio de esta técnica se explica más abajo.
Como podemos apreciar, quien domine la técnica
no tendrá que pensar nada, sudando razones; la razón del pensamiento se da casi
instantáneamente, casi automáticamente.
Hay que tener cuidado porque, aunque el
efluvista no es un repentista de hecho, utiliza un automatismo de esencia en su
técnica. El verdadero efluvista podrá crear poemas en cualquier situación, en
cualquier escenario, en cualquier momento, no importando siquiera los estados
incómodos para el acto creativo si deja fluir el rayo creativo.
Los sentidos del rayo poético
El efluvismo es una técnica que se utiliza para escribir la poesía de la
conciencia (la nuestra y la de los otros), de carácter microcósmico, para
hacerla trascender y elevarla a los límites espirituales, con la posibilidad de
autorrealización a través de la conciencia estética.
Es capaz de captar, interpretar y reflejar las
imágenes más sensibles de los sentidos, ya sean provocadas por estímulos
externos o por impulsos interiores generados en fraguas donde se criban los
diamantes del espíritu. El efluvista toma elementos del mundo real y del
imaginario y los transforma en sentidos trascendentes.
Sin que el
efluvista sea seguidor de Heráclito, entiende que la vida es un fluir, “que
todo fluye”, que todo está en movimiento, como lo aseguran algunos filósofos
clásicos. Entonces la poesía fluye porque es algo vivo, y esta se proyecta de
forma luminosa, como si fuera un rayo de luz que sale de un diamante. Y como
decía el poeta español Miguel Hernández (1910-1942): “Este rayo ni cesa ni
se agota: / de mí mismo tomó su procedencia / y ejercita en mí mismo sus
furores”.
Este poeta pudo haber vislumbrado el rayo de su
poesía. Pudo de alguna manera, por los caminos del dolor y la pena, haber
percibido sus verdaderas esencias. Recordemos que Hernández apenas era un
pastor de cabras en su natal Orihuela.
Una expresión que
hace suyo el efluvismo, por su trascendencia en la práctica y por el metasentido,
es la de don Miguel de Unamuno: “Hay que pensar el sentimiento y sentir el pensamiento…”.
Esa es una clave que nos dejará este gran poeta español, salida de un
efluvio primigenio. Esta expresión servirá de plataforma para tesis que
permitan comprender las bases de la expresión poética que denominamos
efluvismo.
Unos versos
inspiradores del efluvismo son los siguientes: Deshaced este verso. / Quítadle
los caireles de la rima, / el metro, la cadencia / y hasta la idea misma /.
Aventad las palabras, / y si después queda algo todavía, / será la poesía”.
(LEÓN FELIPE, poeta español). Por eso, el efluvista tiende a escribir poesía en
prosa.
El efluvismo de por sí no es nuevo, solo hemos
acuñado esa palabra y orientamos una práctica estética. Todos los creadores son
efluvistas en determinados momentos. De seguir los postulados expuestos en el
apartado siguiente, podría mejorar su propuesta poética.
Postulados
1.
El
efluvismo solo es aplicable en el género poesía, aunque no se descarta la
incursión en otros géneros literarios.
2.
El
discurso del efluvismo es de carácter multitemático e integral. El METATEMA es
uno de sus aspectos relevantes, entendiéndose por metatema como un tema que
sirve para crear temas nuevos, o la METAIMAGEN, una imagen que sirve para crear
nuevas imágenes.
3.
El
efluvismo se vale de la razón del estado mental y de la razón espiritual. Busca
que ambas encuentren sus vínculos y se expresen con el lenguaje, como una nueva
forma de expresión. En ese caso, la materialización del rayo poético es como
una nave hecha de palabras y de la lógica mental, y con ella va la razón
espiritual, que, unidas, crean una poesía culminante.
4.
Una imagen
es el punto de partida del efluvismo; no importa que provenga de la realidad,
de la imaginación, del mito, de las creencias, de las ciencias, de cualquier
cosa.
5. Para el efluvismo,
es tan importante desde el movimiento de una hoja de pasto hasta el acto humano
más trascendente; desde la sombra de una piedra hasta el frío de los picachos;
desde un electrón en pleno giro en un orbital hasta el cataclismo; desde el
nacimiento de una mariposa hasta los caballos del Apocalipsis…
6. El efluvismo tiene
como principio la armonía cósmica, los vínculos, la libertad del ser y el
desarrollo de la conciencia estética.
7. El efluvista está
vinculado a todos los reinos y elementos de la naturaleza y del cosmos, en
sentido general y particular; se vincula con ellos, penetra en sus hondones y
piensa que “La belleza no solo está en el (los) misterio(s) sino
en el deseo de penetrarlos”, como le decía Antonio Machado a Azorín.
8. El efluvista
trasciende los postulados del yo íntimo y del onirismo, y estudia la realidad
por la naturaleza de sus vínculos.
9. El efluvista se
vincula con todos los seres y cosas del universo mediante el rayo del amor, que
transforma y trasciende.
10. La relación con un
dios o Dios, del efluvista, es totalmente personal y libre, aunque sugiere
cultivar la conciencia cósmica, que toca las demás conciencias del universo y
está unida a ellas por el rayo del amor: un rayo que no cesa.
11. El manejo de la
lengua y del lenguaje en el efluvismo es prioritario para la creación estética.
12. El efluvista cultiva
la salud mental y espiritual. Utiliza los algoritmos del mecanismo cerebral en
la producción del lenguaje poético.
13. El efluvista maneja
la voluntad creativa, la inteligencia y las maneras de obrar… “La conciencia es
obrar”, tomando la idea de Miguel de Unamuno.
14. El efluvista sondea
la filosofía, la metafísica y las ciencias, y estudia sus realidades.
15. El efluvista maneja
el lenguaje escrito y formula propuestas de discurso lingüístico. Aunque en
este aspecto puede no ser disruptivo, tampoco se limita a la creación y
superación de los cánones establecidos de la lengua.
16. El efluvista maneja los sentidos físicos y su gran meta es el manejo de
los sentidos espirituales, como aborda el movimiento interiorista de la República
Dominicana. En ese aspecto coinciden estas vertientes.
17. Cuando el efluvista
maneja los sentidos físicos, convirtiéndolos en parábolas receptivas de su obra poética, se
encuentra en el nivel 1 de su etapa de dominio.
18. Cuando el efluvista
identifica los sentidos del espíritu, se encuentra en el nivel 2 de su etapa de
dominio.
19. Los sentidos
interiores a los que se refiere el efluvismo son: la intuición, la razón y la
inteligencia.
20. Cuando el efluvista
identifica el rayo de la poesía, está en el nivel 3 de su etapa de dominio.
21. Cuando el efluvista
sube al rayo de la poesía, se encuentra en el nivel 4 del dominio.
22. Cuando el efluvista
maneja el rayo de la poesía, lo hace de manera consciente; está en el nivel 5,
o maestro inicial.
23. Cuando el efluvista
establece de manera consciente un vínculo sensible con todo lo que vibra en el
cosmos y fluye libremente mediante el rayo poético, produciendo un lenguaje
estético que tiende a la trascendencia, será maestro del efluvismo.
NOTA: Algunos de estos niveles pueden ser
superados de manera simultánea, automática.
DADO EN AZUA DE COMPOSTELA, REPÚBLICA
DOMINICANA A LOS 12 DE OCTUBRE DEL AÑO 2010
FUNDADOR Y MIEMBROS
SEGUIDORES A LA HORA DE LA PRESENTACIÓN DE ESTE MANIFIESTO
Virgilio López Azuán…República
Dominicana (Fundador)
Sandra Liberoti……………...……. Argentina
Ramón Saba………………………. República Dominicana
Sandra González……………………México
Elsa Berdasco………………………Argentina
Jimmy Valdez………………………República Dominicana
Elizabeth Polanco…………………. República
Dominicana
Lesbia Mercedes Gómez………...…República
Dominicana
Primavera Flor de Liz Medina………República
Dominicana
Laura Inés Martínez Coronel………. Uruguay
Este es
el primer manifiesto del efluvismo. Después de más de 15 años de experiencia,
nos proponemos lanzar el segundo manifiesto, evaluando el primero,
corrigiéndolo e incorporando nuevos elementos.
ATTE.
VIRGILIO LÓPEZ AZUÁN