viernes, 11 de noviembre de 2011

Hijos de la tierra.

de Virgilio López Azuán, el jueves, 10 de noviembre de 2011, 23:17
Hijos de la tierra
Autor: Virgilio López Azuán
Poesía del Efluvismo.

Las raíces corren a tus espaldas y suenan los cencerros del limo y en cintas de colores las arenas hacen fiestas de arcillas. Y detrás van perros con sus ladridos caninos anunciando las tardes caminantes, días enteros  en el ritual de las aguas. Y los espíritus de ángeles se revelan en sus plumas mitológicas en su saga y sus misterios. Las raíces corren detrás de ti, siempre centinelas, como centellas y explosiones de la vida. A las raíces tú vuelves y te alejas, y en cortinas de tela una mujer te señala y te desvela, una mujer te propone otros sueños, y te llama. Y detrás van los grillos con cantos de arañas, con voces quebradas en los rincones, como si no pasara nada. Y detrás van los ríos, el jugo verde de los árboles, tos de clorofila y estomas hendidos.  Las raíces corren y en un pastel de terremotos abren las grietas para escapar de nuevo de cuerpo entero. Son los hijos de la tierra, con cara de lodo y manos de paraísos, con los dedos de azúcar que lamen los sentidos. Son los hijos de la tierra que brotan del centro, de la urbe bestial del silencio, de los abismos nublados del infinito. Y corren a tus espaldas, son los hijos de la tierra, padrinos de un pasado que toca rock en la memoria, y en las tardes celestinas bailan el café de las cuatro. Son los hijos de la tierra y viajan, y suben y bajan, y se proyectan en círculos que envuelven y desenvuelven para seguir vivos. Las raíces corren, son los hijos de la tierra y vuelven y se van como fantasmas digitales, como tristes hologramas que buscan la dicha en los elementos.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

SERES PROFUNDOS

Seres Profundos
A Edgar Morin, Filósofo Francés
 Autor: Virgilio López Azuán
Poesía del Efluvismo

Alumbramos los seres profundos tocando las palabras,
amasando el poema quemado en la almohada.
 Y orillan los arcones en aquellos lagos amargos,
 en esas casas de luces oscuras y lineales como arpones terminados.
Y los huesos engalanan la blancura, consumados en la soledad del polvo,
en el viento echado sobre el césped.
Alumbramos los seres profundos y se despiertan al medio día
para ser el centro, la bandera que señala las gaviotas de la tierra.
y los vemos correr debajo de los caminos, secretos abiertos y delirantes.
Y manso cruzamos los puentes, de palabras aguadas,
con peces soñados de  luna. Esos seres profundos cuentan la historia
de lebreles asuntando relojes, de aquellas hazañas
deslumbradas en el abismo.
Ellos, los seres profundos dan copazos de humo,
humeando las palabras de un poema reescrito en la ceniza.
Se lanzan a la aguas a pescar las mariposas del cielo
 y encuentran las lluvias retrasadas en las nubes crecidas de espejos.
Alumbramos lo seres profundos con los pequeños presagios de la muerte,
con los párpados presintiendo azul.
Y nos deshojamos  como tarde deshojada, y en sombras de grillos
llegaremos al borde, a las olas sembradas de algas,
de líquenes inmensos donde van a retozar los peces.
Alumbramos los seres profundos y se asustan
y se derraman y se marchan por esa memoria  amarilla
del tiempo y de la muerte.
Ellos, los seres profundos, a veces vienen y  a veces tocan,
a veces vuelan y se rebosan de horizontes.
Y nos asustan, y no miman, y nos pintan
 y se enciman sobre las palabras arropadas de palabras.

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